El río Bravo es conocido, más que por ninguna otra cuestión, por ser la frontera entre EEUU y México. O entre America y
Latin America, según los estadounidenses. En el mapa se ve cómo forma la frontera natural entre ambos países desde 1848, cuando finalizó la guerra por la cual EEUU le arrebató Texas y el NO a México (actuales estados de Nuevo México, Colorado, Utah, Arizona, Nevada y California). Es el río que tantos mexicanos y centroamericanos sueñan con cruzar sin ser detectados por los guardias fronterizos para poder ingresar como inmigrantes ilegales (porque se les niega el derecho a hacerlo en forma legal) a los EEUU. En términos hídricos, con una cuenca y longitud similares a las del Colorado (607.000 km2 y 3.034km, respectivamente), su caudal es aún muy inferior: en promedio, apenas 160 m3/seg. Los requerimientos de agua de las ciudades ribereñas amenazan con provocar la progresiva desecación de su cauce en varios tramos del mismo.
El relieve cambia luego hacia las llanuras y mesetas bajas de la zona limítrofe (entre Texas y varios estados mexicanos), hasta su desembocadura en el golfo de México (4º foto).
A pesar de lo expresado más arriba sobre la pobreza de su caudal, la irregularidad de su régimen queda expuesta en las dos fotografías inferiores, correspondientes a Laredo (EEUU)-Nuevo Laredo (México), con el río en condiciones normales y durante una crecida que lo hizo subir 13 metros por encima de su nivel habitual.
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